Entre la Primera y Segunda Guerra Mundial, el barnstorming se convirtió en una de las formas más populares de entretenimiento.
Los pilotos apenas tenían trabajo, lo que les hizo agudizar el sentido y utilizar el excedente de aparatos para otros usos. Ofrecían paseos por unos pocos dólares en zonas de cultivo como improvisadas pistas de aterrizaje.
El wingwalking de 1920, y como la parte más extrema del barnstorming, ofrecía tenistas en alas, trapecistas colgados a cientos de metros o transferencias de automóvil-aeroplano.

